¡No hay que leer!

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Publicado en: NOTI – UPIICSA. Gaceta de la UPIICSA. UPIICSA – Instituto Politécnico Nacional. Julio – Agosto. Año 4. No. 26. 2004. México, D. F.

¡No hay que leer! Porque lo prohibido siempre nos llama la atención; si nos dicen que no hagamos algo, por lo regular lo hacemos…. Leer por obligación y no por convicción no se disfruta, así no es deleite para la mente y los sentidos, sino tortura medieval.

¡Hay que leer! Esa es la frase escuchada por la mayoría de las personas, en especial por los jóvenes desde que empiezan su educación escolar, pero esta actividad se desvirtúa en el momento en que se hace para dejar de ser analfabeta y no para realmente saber leer. 

 

El aprender a leer nos proporciona cierto nivel y oportunidades en nuestra sociedad, nos hace parte de grupos, por eso vamos a la escuela, para no ser analfabetas, pero la mayoría de los niños nunca completa su aprendizaje.  Así pues, el primer paso para dejar de ser analfabeta es aprender a leer. ¿Qué significa “aprender a leer”? Al menos tres cosas: 

·   Primero, el proceso mecánico por el cual se aprende el código de escritura

·   Segundo, el aprendizaje de la sintaxis que rige dicho código

·   Tercero, el aprendizaje de cómo las inscripciones pueden servir para conocernos y conocer el mundo que nos rodea de una forma profunda, imaginativa y práctica.[1] 

Este tercer aprendizaje es el más difícil, el más peligroso y el más poderoso, y es el que pocos logran cumplir. Presiones que ejerce la sociedad – burlas, celos, bombardeo de medios – levantan ante las personas una serie de obstáculos casi imposibles de derribar a la hora de convertirnos en lectores. 

La lectura es una actividad que siempre ha despertado un entusiasmo limitado en aquellos que detentan el poder. No es casualidad que en los siglos XVIII y XIX se aprobaran leyes prohibiendo que los esclavos aprendieran a leer, incluso la Biblia,  puesto que según decían, “todo aquel capaz de leer la Biblia puede leer también un tratado abolicionista”. Los esfuerzos que los esclavos tuvieron que hacer para aprender a leer son una prueba de la relación entre la libertad civil y el poder del lector, y del miedo que tal libertad y poder despiertan en gobernantes de todo tipo. 

Leer por obligación no es grato ni deseable, sin embargo todos lo hacemos todos los días a toda hora, leemos las imágenes, los letreros, los anuncios, las revistas, los textos, ¿pero cuánto asimilamos?  Leer, no es un verbo que tolere lo imperativo, sino que es o debe ser un verbo como soñar o amar. La invitación a leer y a leer por placer siempre está abierta para todos, en todos los lugares y en todo momento.  La lectura nos enseña a experimentar y sentir entusiasmo por la cosas. Nos ayuda a mejorar nuestra calidad de vida y nos produce el placer de entender y crear. Cuando entendemos las cosas nos manejamos con confianza y nos sentimos bien.Te invito a comenzar el tercer aprendizaje, puede ser difícil al principio – como todo -, pero reconfortante una vez que lo logras. [1]

[1] Manguel, Alberto. Cómo Pinocho aprendió a leer.

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