La paradoja de ser mujer

Publicado en: NOTI – UPIICSA. Gaceta de la UPIICSA. UPIICSA – IPN. Marzo – Abril. Año 5. No. 30. 2005. México, D. F.

¿Qué significa ser mujer? ¿Significará lo mismo que ser hombre? ¿Somos seres humanos iguales? ¿A quién? Estas interrogantes son a veces las preguntas que me hago cuando pienso en la existencia de la mujer y la liberación femenina; es un tema que propongo desmenuzarlo en tres bloques: primero, el enfoque existencial de la mujer desde los inicios de su evolución hasta la actualidad; segundo, su “liberación femenina” y por último hacia dónde debe dirigirse la liberación de la mujer para lograr su igualdad.

Cuando los seres humanos evolucionamos dentro del reino animal y empezamos a tener conciencia y razonamiento, el carácter de la familia era desordenado y prácticamente no existía ese concepto; con la evolución normal de la humanidad aparece el régimen de “gens”, del cual era característico el matriarcado, y éste sustituyo a las formas de organización anteriores y dio inicio a lo que históricamente conocemos como familia monógama.  Ahora bien, en el cambio entre el régimen de gens y la familia monógama es dónde la mujer pierde su papel en la vida y es cuando se modifican por completo los roles de los géneros y de los derechos; ya que en el matriarcado, no importaba el hombre, sino más bien el origen de una familia se determinaba por la línea materna y el padre normalmente era un ilustre desconocido, es decir, la mujer encabezaba la línea de sucesión sanguínea y de bienes por ser la que daba a luz a los hijos; al llegar la familia monógama los papeles se invierten, ¿por qué? Pues porque históricamente empieza también la generación de clases sociales y por lo tanto, empieza la esclavitud o el sometimiento del más débil, entonces es cuando a la mujer se le despoja del derecho materno que tenía en el matriarcado y se le cede al hombre y empieza entonces el derecho paterno, que según palabras de Engels “…es la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo…”; Engels señala que fue una derrota aunque no hubo guerra, ya que para la época en la que él escribió, la Revolución Industrial dio el último empujón para hacer que las mujeres fueran vistas como la maquinaría que produce la materia prima para un Estado productor, y empieza a ceder sus derechos más por roles sociales y convencionales que por convicción propia, es decir, la existencia humana de esa mujer fue producto de una ideología nueva o revolución histórica. La mujer empieza su existencia bajo un enfoque conductual, en donde ella desde su nacimiento estaba escrito que iba a ir al colegio para señoritas y tendría un marido y muchos hijitos y su vida giraría en torno a esas dos cosas, ella no era más libre, pertenecía (para bien o paral mal) a alguien que en teoría la protegería, amaría y respetaría por el resto de su vida.  Y por lo tanto no solo se le quitan sus derechos de libre movimiento sino también de libre pensamiento, como me recuerda lo leído alguna vez en el “Malleus maleficarum” que es un libro realizado por dos individuos que prestaban sus servicios ala Santa Inquisición por el año de 1485 en donde señalan que “…Cuando la mujer piensa por cuenta propia es cosa del demonio porque esta en su naturaleza (de la mujer) ser débiles de cuerpo y mente…”; es decir, poco a poco la existencia de las mujeres se reduce a ser objeto de placer y reproducción. 

Al iniciar el siglo XX, la mujer recupera cierta personalidad, más por azares del destino que por batallas ganadas. La segunda guerra mundial marca el inicio de la mujer como parte de los aparatos productivos al marcharse los hombres a la guerra, tanto las empresas como también los deportes, que hasta entonces habían sido solo de los hombres, requieren de las mujeres para seguir funcionando. Sin embargo, al terminar la guerra las mujeres son relegadas al tradicional papel, pero las mujeres ya habían experimentado la libertad no sólo de movimiento sino también, económica, algo que antes no habían tenido, entonces regresar a su vida anterior empezó a ser un problema. 

Es en ese momento, en que la mujer quiere recuperar sus derechos de igualdad con los hombres, algunas comienzan a trabajar y a querer votar, para los años 60’s los movimientos feministas estaban a la orden del día en el mundo y las mujeres peleaban fehacientemente por su “liberación femenina”, es aquí donde empieza realmente la paradoja de las mujeres, con la pregunta: ¿Qué buscan en la liberación femenina? Pues no creo realmente que ese movimiento como tal buscara la igualdad de la mujer con el hombre; no hay que negar que efectivamente la mujer es explotada económica y culturalmente, pero también lo son los varones y los niños siempre y cuando éstos sean más débiles que su opresor, ya que nuestra sociedad y cultura ofrece esa explotación interpersonal, pero ¿A quién queremos igualarnos las mujeres? ¿Al campesino que para olvidar su pena se va a la cantina? ¿Al pescador de un barco que se curte las manos en su trabajo? No, la verdad, no se nos antoja ser tan iguales, porque el modelo para la igualdad entre géneros es el del profesional, el ejecutivo, el que permite tener una vida cómoda, y a veces esa “necesidad” de ser tan iguales nos lleva a imitar de los hombres los rasgos más negativos de su personalidad, como la falta de escrúpulos, la hipocresía, la saña, entre otros mecanismos de sobrevivencia que ellos inventaron para seguir en su propio mundo al que queremos parecernos e integrarnos. La competencia individual es el fundamento económico de la cultura moderna. El individuo aislado debe luchar con otros individuos del mismo grupo, procurando superarlos y muchas veces, apartarlos de su camino. La ventaja de unos suele significar la desventaja de otros. 

Vygotskii decía que lo más importante en un hogar era la madre y que a ella se le atribuían las virtudes y desgracias de la familia y la sociedad, ya que ella es el ejemplo más cercano de la existencia humana y la perfección, y es la más indicada por naturaleza a educar a los hijos; con lo anterior estoy de acuerdo, entonces ¿Cómo  ser individuo libre y sin miramientos afuera para lograr mi igualdad y ser la misma mujer de hace muchos años adentro de mi hogar? Entonces la pregunta es ¿Qué logré con la liberación femenina? ¿De qué me liberaron? No podemos negar los logros de dicho movimiento, ya que gracias a éste tenemos “El Día Internacional de la Mujer”, entre otras cositas por ahí, pero de lo que estoy segura es aún que no logramos la existencia única de la mujer como un género especial. 

Lenin en 1920 habla de la igualdad de la mujer desde el punto de vista político y su integración a la vida laboral, pero en ese pequeño ensayo hay un párrafo muy interesante sobre lo que debe ser la existencia de la mujer. Me permito transcribirlo textualmente:    La igualdad ante la ley no es igualdad en la vida. Necesitamos que las trabajadoras consigan la libre igualdad con los trabajadores no sólo ante la ley, sino en la vida”.  Lo mejor del párrafo anterior es la igualdad en la vida, la mujer por ley y por derechos, ganados con manifestaciones y mujeres entusiastas pueden tener protección de muchas cosas o personas, pero ante la vida siguen sin ser iguales a su prójimo, el hombre, ya que en la vida de una mujer siguen los tabúes y los roles convencionalmente adjudicados. ¿Hacia dónde nos debemos encaminar las mujeres? Nos podemos encaminar a ser seres humanos plenos, atrevernos a romper con las estructuras establecidas sin sentir culpas que también nos han sido adjudicadas. Conocer es liberarse, ya lo dice
la Biblia: “La verdad os hará libres”, pero ¿Cuál verdad? La verdad de nuestra vida y tratando de aceptar la paradoja en la que podemos o debemos vivir no por imposición sino por convicción, y en la mejor forma posible, porque nosotras seguimos siendo la base de las familias y las que cubrimos el mayor número de roles posibles.
 Como dice Erich Fromm, amemos en lugar de querer ser amadas, no tengamos miedo de nuestro potencial. Nosotras somos un matriarcado oculto en nuestras familias y que debe salir a flote, nuestro modelo de vida debe ser el propio y no el que queremos copiar de los hombres. Tenemos necesariamente que ser humanas, y empezar a tener una existencia también humana. Solo en ese momento el mundo podrá volverse a humanizar, cuando dejemos de competir con nuestro igual… el hombre.

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2 Respuestas a “La paradoja de ser mujer

  1. Gracias….Keylli

  2. muy buena informacion